Las otras lecturas, con vuelta de tuerca incluida



No es fácil llegar a ser un lector de 19 años. Cuando se es más joven siempre es más complicado dividir equitativamente el tiempo que se le dedica a las tareas para la escuela, los amigos en la escuela, los amigos que uno ve fuera de ella, los padres, los quéhaceres domésticos, jugar con el animal de compañía, ver televisión (luego ir al ciber café a hacer tareas o entretenerse), la televisión, escuchar música y leer. Por default suele pensarse que el adolescente "semiurbano" moderno tiene tiempo de sobra pero no es así, o por lo menos no en muchos, muchísimos casos.

Aunque las actividades cotidianas pueden clasificarse en infinidad de formas, tamaños, colores, sabores y reacciones, las cuales van desde deportivas, recretivas, pasivas, activas, domésticas, sociales,  intelectuales... la lectura sólo es lectura; por lo regular son pocos quienes se toman la molestia de dividirla en escolarizad y no escolarizada, obligatoria y voluntaria, académica y recreativa / lúdica (aunque también lo académico pueda ser recreativo); repito: casi nadie se toma esa molestia por más dualista, antagónico o maniqueo que se torne el asunto, y todo porque la apreciación general que se tiene de la infravalorada lectura es la de una actividad pasiva, de negros y blancos —o amarillos, según sea el color de las páginas—, sin mayor atractivo visual o sensorial palpable, por lo que, quién querría realizar esa actividad como no fuera por obligación, sobra entonces con justa razón el dividirla en forzadas y libres.

Para mí sí existía esa división, yo dedicaba entre 20 y 30 atropellados minutos diarios a leer sobre estadística, economía y orientación educativa, y luego buscaba tiempo, robando minutos a lavar los trastes, planchar mi uniforme de la prepa, platicar con mamá, incluso dormir, para dedicarle un par de horas a  Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Teophile Gautier, Guy de Maupassant, Howard Phillip Lovecraft, Bram Stoker, Ernst Raupach, Marion F. Crowford, John Polidori, Gerard de Nerval y otros más. 

Así llegué a dividir en dos los tipos de lectura que hacía por aquel entonces, pero al llegar a la Universidad eso tuvo que cambiar. Con la llegada de lecturas a académicas acerca de literatura, dónde o cómo iba a acomodar este material, pues si bien era cierto que eran parte de la escuela, también era verdad que lo disfrutaba. Así surgió la otra lectura, la que sí es tarea, pero disfrutaba porque me gustaba.

Comentarios

Entradas populares