Viajes relámpago, a lugares con violencia y a tiempos remotos

En cierta forma sumergirnos en la lectura es emprender un viaje diferente cada vez, a los bosques de Francia si se lee la Caperucita roja, al río Mississipi si nos aventuramos con Tom Sawyer, a los Cárpatos y el Londres victoriano si leemos Drácula, y naturalmente no todos los viajes tienen la misma duración, según qué tanto tiempo le dediquemos al libro o el grosor que éste tenga. Por eso, cuando leemos cuento viajamos por menos tiempo que si leemos una novela, pero si leemos microficción, minicuento, microcuento o cualquier otro nombre que se le dé, el viaje es brevísimo, pero no permite conocer más lugares y a más personas en menos tiempo.
      Para Rogelio Guedea, uno de los antologadores y prologuistas de El canto de la salamandra, libro en el que se recopila a destacados exponentes de este brevísimo género, como Juan José Arreola, Augusto Monterrroso, Julio Torri, Alberto Chimal, Guillermo Samperio, Max Aub, Nelly Campobello o Francisco Tario, la microficción , minificción, microcuento, es un género elástico, anfibio, adaptable, como la salamandra.
    De la antología El canto de la salamandra se leyeron las aportaciones de Max Aub, Nelly Campobello y Francisco Tario. Para los psicólogos, nosotros proyectamos en fantasías o sueños,  deseos más o menos cocientes, pero también a través de lo que escribimos o leemos; Max Aub le da voz a nuestros deseos cuando escribe sobre el hombre que mató al insistente vendedor de lotería, o la mujer que asesinó a sus marido porque no dejaba de hablar, y también nos hace reflexionar. ¿A quién he tenido ganas de matar y por qué? Qué bueno que existen formas más inofensivas de desahogar la ira.
     Nelly Campobello, por su parte, nos hace regresar a la época de la revolución, cuando con cruda inocencia narra brevísimas historias de muerte que se asimila cotidiana, como la de la niña que vivía con un fusilado cerca de su casa, y que cuando lo llevan a enterrar, termina por extrañarlo. ¿Qué historias hemos escuchado de nuestros padres, que a ellos les contaron nuestros abuelos?
    Finalmente, entre las sombras y los sueños lúcidos llega Cordelia, la mujer que existía y al mismo tiempo no lo hacía, en la mente y en la casa que con su pluma nos presenta Francisco Tario; con ella llegan otros fantasmas y fantasmagorías y también "la noche del féretro", "pobrecito", decimos cuando lo que le pasa a alguien nos conmueve, o "yo hubiera corrido", si nos horroriza o asusta, y el cuento de Tario nos hace pensar qué cosa no soportaría ser. Y sí, la literatura nos permite, disfrutar de una buena historia (que puede ser larga, corta o cortísima), y hacerlo de muchas maneras: a través de la risa, del llanto, la ira, la emoción o la intriga.



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